sábado, 26 de septiembre de 2009

Una casi inmaculada concepción

Nuestra doctora estaba en la mesa de expositores de casos de la empresa. Su piel color mestizo, ojos grandes y verdes, nariz y boca en armonía, especialmente la boca con la forma de un pétalo, su cuello largo, cabello suelto al descuido y altura por encima del promedio, mostraban a las claras una superdotada inteligencia.
Lentamente se incorporó como midiendo al auditorio. Contoneándose se dirigió al atril, carraspeó y con portentosa voz nos expuso más o menos así:
“… Imaginemos por un momento la escena: ella, joven, talentosa, divertida, se hace la prueba y estalla en angustia más que justificada. Su vida se derrumba. María, su madre, le había dicho montones de veces que cuando estuviera ovulando, se pusiera los guantes al salir a la calle, no vaya y fuera que cualquier cerdo sudoroso la embarazara. ¡Claro que había notado el zumbido en el oído indicándole que estaba ovulando! ¿Pero a quién se le ocurre que con tantas preocupaciones (el concierto, el paseo, las materias de la universidad, la amiga drogada y tantas cosas), ella se iba a acordar de ponerse los estúpidos guantes? Y ahora, era obvio que estaba esperando un hijo cuyo padre podría ser cualquiera. Hasta un cerdo sudoroso.
Si no fuera por el Fundamento y sus orientaciones basadas en la lectura del Libro Sagrado, ella habría buscado cualquier forma de no tener ese hijo. En su lugar, lo que hace es contarles a sus amigas en la red; la algarabía que se arma en su casco-visor no la deja distinguir un consejo de un insulto. Calmados los ánimos, se ponen a ver dónde había podido estar y quién podría ser el padre. Pero es inútil. Podría ser cualquiera, desde uno de esos preciosos mozalbetes que se pavonean por allí, hasta uno de los bajitos y feos.”

Cuando arrancó a hablar del Fundamento, los más jóvenes entramos en pánico de que nos dieran otra clase de lo mismo. Interminable. Pero ella, ignorando nuestro nerviosismo, continuó:

“La abolición de la era de la Ciencia se dio hace mucho tiempo. En esa época oscura, el ser humano se había puesto al servicio de la Ciencia y no al contrario, como debe ser. En ese desorden, se erigió el Fundamento como el único salvador. El Fundamento, como es de su conocimiento, una corriente político-espiritual que con el apoyo de las mayorías, ha hecho grandes avances. La raza humana se modificó genéticamente para inhibir uno de los grandes pecados facilitados por la Ciencia: la fornicación. El deseo sexual, cortado de raíz, secó los peores delitos de la humanidad.
La procreación, esa sí bendecida por Dios, se apoyó en la ciencia para, en un ambiente controlado, crear hijos en ambientes sanos. El Fundamento usó lo rescatable de la Ciencia y lo puso al servicio de la humanidad.
Por ley y tradición, a las mujeres, como acto de iniciación a los 12 años, se les incrusta detrás de la oreja, cerca del yunque, nuestro dispositivo pasivo basado en nanotecnología, cuya función es vibrar cuando empieza la ovulación; esta vibración, nada indolora, se traduce en un zumbido audible para la mujer - recipiente.
Como es de su conocimiento, debido a una rara mutación del cuerpo humano, apenas tres generaciones después de habérsele inhibido el deseo sexual, los espermatozoides permanentemente salen por miles, junto con el sudor, por la piel de los hombres. Esos espermas son inocuos al contacto con otro hombre o con las mujeres, a menos que alguna esté ovulando, en cuyo caso, al entrar por su piel, viajan por el torrente sanguíneo y fecundan el óvulo.
Habrán estudiado cómo ese fenómeno de mutación causó el llamado ‘boom de los poros’, cuya explosión demográfica controlaron las guerras subsiguientes y que el problema fue resuelto en forma creativa por el Fundamento: cuando las mujeres sienten el zumbido anunciando la ovulación, deben usar guantes para cuidarse de un embarazo indeseado. Como siempre, hay detractores. ¿Pero quién se atreve a negar que las ceremonias de matrimonio realizadas en la actualidad son más emotivas que las de otras épocas? Sencillamente cuando la mujer comprometida en matrimonio oye el zumbido, avisa a sus seres queridos; felices, organizan una reunión y en ella, frente a todos, orientados por su guía espiritual, la mujer se quita los guantes y le da la mano a su esposo. Y allí se da el milagro de la vida, lo que se convierte en gozo general.”

A esta altura, todos, hombres y mujeres, estábamos mirando nuestros bioritmicadores de pulso, verificando lo bajo que había caído nuestro nivel de atención. Entonces, se operó el milagro. Poniendo un tono más alegre, la doctora, después de una corta pausa, continuó:

“Volviendo al caso que nos ocupa, comprenderán lo conmocionada que quedó María cuando su hija le contó entre sollozos que estaba esperando un hijo. Quiso demandarnos aduciendo que nuestros zumbadores fallan, pero le demostramos que el que le retiramos a la hija, guardando la debida cadena de custodia, había sido probado exitosamente en laboratorio y en otra niña - recipiente, lo que dejaba sin lugar a dudas la calidad de nuestros zumbadores, ¡superior al 99.999%!
Por otra parte, el Fundamento tiene jurisprudencia frente a estos casos: es necesario que la receptora asuma su responsabilidad por el bien del género humano. Cuando nace la criatura, el Fundamento encuentra en la base de datos de ADN al padre pero nada lo podrá comprometer con ella, a menos que él quiera y no esté ya comprometido. ¿Se imaginan lo que tendrá que rogar esa jovencita al padre de la criatura?
Aunque para nuestra alegría, les participo que fui informada que el niño nació ayer, pesa algo más de tres kilogramos y está precioso. El nombre no lo sabemos aún.
Espero que este caso les sirva no sólo en su labor de venta, sino en su vida personal: tanto hombres como mujeres hoy en día necesitan, para que la unión sea atractiva, que la pareja sea productiva y responsable.”

Todos estábamos boquiabiertos. ¿Te das cuenta? ¡Nuestra empresa amaba a sus críticos y nos estaba dando lecciones de vida! Estando en esas, un momento mágico,
-Perdón doctora -dijo Pedro, que estaba en la parte alta del auditorio, levantando la mano-, ¿dijo que la pareja debe ser reproductiva?
-Dije productiva -señaló la doctora como masticando las palabras- ¿Le importaría ponerse unos guantes jovencito? -Y agregó. -No sólo las mujeres deberíamos usarlos. También es su responsabilidad.

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Jorge Iriarte
Jorge Iriarte es barranquillero de nacimiento y cachaco de tradición. participa en el taller de escritura creativa con el escritor Carlos Castillo. Sus últimos escritos aparecieron en una revista que tuvo una segunda edición. Fue la revista de la empresa. Pero algo es algo...
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