
La bailarina casi no dejaba de bailar. Daba vueltas y vueltas al compás de la música que tarareaba. Cuando no bailaba, le gustaba leer.
Un día en que la música no sonaba, fue a al cuarto de la biblioteca; ojeando, ojeando, encontró, junto con muchas historietas, en un libro de cuentos, unas imágenes de bailarinas en una nube, idénticas a las que tenía en su cuarto, sólo que éstas figuras tenían los más maravillosos colores. Poco a poco, sintió que la música volvía y que tenía que bailar y bailar.
Cuando sonriente pero sin aire paraba, volvía a leer y decía el cuento: “Debes dar muchas vueltas para que aparezca un mundo genial. Debes buscar libros, zapatos, caballeros para bailar”.
La bailarina se sentía feliz. Tarareaba y danzaba entre los muebles sin importarle las miradas extrañadas de su Nana. Apretaba el libro de cuentos contra su pecho y sentía que sus pies ya no tocaban el suelo. Acezante pero sonriendo, volvió a parar para leer:
“Asegúrate que tu Nana no te regañe porque si lo hace, la magia se acaba. Tienes que decidir bien. Porque tu Nana te dirá que nunca regresarás al mundo real. Asegurará que te quedarías ahí por siempre y para siempre. Y que nunca morirías. Es por eso que debes tomar una buena decisión”.
Entonces la bailarina pensó: “Si entro al mundo mi Nana no me regañará y lo peor que me puede pasar es que nunca volveré a verla. Me voy al mundo pero primero voy a ver cómo es. Lo que debo hacer, es pedirle a mi Nana que me deje bailar esta noche. Y además allá hay príncipes, seré princesa, con comida, agua, zapatillas, piscinas, playas, todo lo que yo siempre he querido”
Después de un rato de haber tomado la decisión, pensó: “y si me engañan, igual lo estoy intentando. Voy a ver el mundo no más. Y además, ya se hizo de noche ya voy a mi cuarto. Le pediré a mi Nana que me deje bailar esta noche y así entraré al mundo genial.”
Y entonces la princesa lo intentó. Siguió las instrucciones del libro y apareció una escalera y lo primero que vio era un letrero que decía que cuando tú te caías, la herida se curaba sola, que no dolería, así que decidió seguir. “Nunca me volverán a ver”, se dijo.
En su casa pasaron tres días buscándola sin encontrarla. Todos se preguntaban que habría pasado, llamaron a la policía y más temprano que tarde, empezaron a mirarse ya no con desconfianza sino con rabia y dolor.
Mientras tanto, en el mundo genial, no me preguntes cómo, la bailarina se dio cuenta que la habían engañado. Ese mundo era malo. Las instrucciones eran mentira. La habían utilizado. Ese mundo le parecía horrible. Le faltaba amor y su danza era por obligación. Además, los príncipes no sabían bailar. Eran como palos.
Decidió escapar y buscó la escalera cuidando que no la atraparan los enjutos príncipes. La escalera se veía empinada y peligrosa. Pero como tenía el libro, con determinación, lo usó al revés como una patineta y cuando menos pensó, estaba de nuevo en su cuarto. Cuando apareció, la familia estalló en júbilo. Lloraban y sonreían y le preguntaban dónde había estado. Ella no contestaba pero en un abrazo, le dijo a la Nana al oído: “Nunca me iré” y vivieron felices para siempre.
* Cuento dictado por el aprendiz de escritor, Rodrigo. En la foto, Rodrigo con la trucha tiburón que pescó el año pasado



